viernes, 30 de octubre de 2009

Enseñanza musical en la Edad Media

Al comienzo del siglo VI, Boecio escribió De Institutione Musica. En ella distingue tres tipos de música:
- La música mundana, inaudible, que regía todo el equilibrio cósmico, pues surgía del movimiento de los astros y se reducía a razones matemáticas (retomando la idea platónica de la música de las esferas).
- La música humana era la responsable de la armonía entre las distintas partes del cuerpo, así como de éste con el alma.
- En tercer lugar, la música instrumental era la música producida por instrumentos o por la voz humana. Para aprender este último tipo de música, es necesario emplear algún tipo de notación musical. Los romanos habían tomado de los griegos la notación alfabética. Boecio cambia los signos griegos por las letras latinas. Se empieza por la A, que corresponde al actual La2 científico y se continúa hasta la P, por lo que algunos conocen este sistema como la “notación de las quince letras”.
En la Edad Media la educación se agrupaba en siete grandes saberes divididos en el Trivium (gramática, retórica y dialéctica) y en el Quadrivium (aritmética, geometría, astronomía y música).
Carlomagno multiplica el número de Escuelas monásticas y catedralicias, que poseen su antecedente en la Schola Cantorum de Roma. En ellas se enseña oralmente el canto gregoriano. Los monjes necesitaban aprender de memoria todo el repertorio litúrgico, lo que solía llevarles diez años de formación. Esto se solucionaría con el desarrollo progresivo de la escritura musical sobre pauta. (Primero sobre una línea, después 2, 3…)
En el siglo XI, Guido d’Arezzo ideó un innovador método de enseñanza musical. Estaba encargado de la enseñanza musical de los niños de coro. Tenían por delante 10 años para estudiar todo el repertorio de la misa y los oficios. Guido consiguió reducirlos a dos años, gracias a su método.
Además de completar el tetragrama medieval, añadiendo una cuarta línea a las pautas habituales, dio nombre a cada una de las notas del hexacordo natural (de Do a La, sin alteraciones). Las notas seguían designándose con letras, como en los sistemas alfabéticos. Darles otro nombre era únicamente una regla mnemotécnica para facilitar la enseñanza de nuevas canciones. Recordando la altura de los inicios de frase del Himno a San Juan Bautista (de su propia invención), se podía calcular la altura de las 6 notas. Por tanto, era un método para agilizar el aprendizaje de nuevas canciones.
Para ayudar en la lectura a primera vista, Guido también ideó un sistema basado en las articulaciones de la mano. Es lo que se conoce como “mano guidoniana”. Cada parte de la mano representa una nota musical, desde el Sol inferior de la clave de Fa hasta el mi superior de clave de sol. Se seguía un orden que partía de la segunda falange del pulgar, recorría la palma de la mano, subía por el meñique y se desplazaba por el resto de los dedos en espiral.

Poco a poco y desde el nacimiento de la polifonía, irán cobrando importancia las capillas catedralicias ("escuelas de música" en las propias catedrales para formar a los intérpretes que trabajarían en ellas), que llegarán a su máximo esplendor en el Renacimiento y Barroco. Hablaremos de ellas más extensamente cuando nos refiramos a estas épocas.
La música empieza a entrar en las universidades europeas, a partir del siglo XIII, sobre todo desde un plano teórico y especulativo. Por ejemplo, Alfonso X el Sabio dota una cátedra para la enseñanza de la música en 1254, entre las once materias que aparecen en la Carta magna de la Universidad de Salamanca. Esta cátedra de música comprendía las dos vertientes: especulativa y práctica.

Más información en:
http://musarac.iespana.es/musarac/apuntes_de_historia_y_ciencias_d.htm

1 comentario:

Anónimo dijo...

la información que brindas es muy interesante para futuros trabajos universitari.os en la educaión musical.

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